Relato de Escritora en Apuros - Una Lectora en Apuros

jueves, agosto 03, 2017

Relato de Escritora en Apuros


Hi
¿Cómo están?
Hoy quería traer algo diferente. Tal vez muy diferente.
No es en sí un relato, pero no sabía muy bien cómo llamarlo.
Se trata de un fragmento de mis escritos que quería compartir con ustedes.
En este caso, esta historia dio un giro de 180°, y lo que les dejaré a continuación es el primer capítulo de un primer borrador.
No les cuento mucho de esta historia, solo les digo que es una utopía con un aire histórico.
Disculpen si hay algún error ortográfico, nada puede salir perfecto —y menos a mí.
No digo más, ya les dejo el fragmento. Apreciaría mucho que me comentaran, para saber si les gusta o de verdad es bien malo. Sé que no es de lo mejor y hay que saber qué está mal para mejorarlo.
Gracias.

                                                                                                                                                                   


Cas

La campanilla suena cuando abro la puerta de la cabaña y Nishta viene justo detrás de mí. Doy algunos pasos adelante, inspeccionando el lugar. Los estantes hacen tres filas, formados verticalmente de par en par, repletos de antigüedad y suciedad, pero a las personas les interesan más la antigüedad. Al fondo está el mesón, lo único que separa a la dueña de su clientela, pero no alcanzo ver a nadie aún. Nishta agita su mano ligeramente, indicándome que debo seguirla. Caminamos entre los estantes y observo su contenido. Nada que valga la pena. Brújulas inservibles, libros cubiertos de polvo, tijeras oxidadas, anteojos rotos, relojes, candelabros, espejos... Tal vez con una pequeña limpieza puedan lucir menos terroríficos.

Una vez estamos frente al mesón, Nishta y yo nos quedamos contemplando el vacío que está del otro lado del lugar. No hay estantes, pero hay repisas, en ambos lados de la pared, encargadas de más cosas como las anteriores, aunque con más color. Una cortina nos oculta el resto de la habitación.

—¿Nuria? —dice Nishta con un hilo de voz.

No pasa mucho para que una mujer levante la cortina y atraviese por ella. Sus ojos están caídos y su cabello cae onduladamente sobre sus hombros. El maltrato ha hecho que luzca más vieja de lo que en realidad es, y su cabello es un testigo fiel al mostrar tonos grises desde el inicio hasta la punta de su melena. Es la segunda vez que vengo a este lugar, y es la segunda vez que siento compasión por ella. Aunque su hijo sea un hombre honorable para ser de clase media, su madre quedó en el olvido para su mundo.

—¿Qué traes para mí esta mañana, querida Nish? —pregunta con una sonrisa, si es real o falsa, no lo sé.

—Amiga Nuria, seguro que recuerda a mi prima, Cas. —Me señala con su mano ligeramente. Nuria apenas asiente hacia mí— Yo... Hemos venido porque queremos hacer un intercambio con una joya. Queremos estar seguras de cuánto vale exactamente. Y quería saber si conoces a alguien que podría hacerlo con nosotras.

—Bueno —dice algo pensativa—, depende de qué cosa quieran intercambiar. ¿De qué se trata?

Nishta me da una mirada. Meto mi mano en la bolsa que cuelga de mis hombros y saco un cofre pequeño, de color negro, y se le entrego a Nuria. Ella lo abre, un poco curiosa, luego abre los ojos al ver el contenido. Agita los dedos, sabiendo lo delicada que debe ser, y levanta con ellos el collar brillante del cofre.

Por un momento creo que huirá con él, pero aparto el pensamiento de inmediato. Si Nishta confía en ella, yo también.

Lo inspecciona con los ojos entrecerrados, como si pudiera ver más allá de lo brillante de sus diamantes. Tal vez pueda hacerlo de verdad.

—¿Qué piensa? —digo, un poco impaciente. Nuria se toma un momento en contestar.

—Querída Nish, si deseas saber el precio real, al menos deberías traer el collar original. —No se molesta en mirarme— ¿No confías en mí, Nish? Cuánta tristeza me da saber eso.

Vuelve a colocar el objeto en su lugar y mi cabeza sigue su mano, mientras trato de entender sus palabras. ¿Collar original? Esto no puede estar pasando.

—¿Qué? Nuria, este es el original, ¿no es así, Cas?

Yo apenas puedo asentir. —Sí, estoy segura que sí. Papá me contó sobre él días antes de... de irme. Estoy segura que es el original. Lo vi con mis propios ojos —afirmo.

Nuria me devuelve el cofre. —¿Su padre le habló alguna vez de una réplica exacta a la joya? Usualmente las hacen para prevenir accidentes, ya saben.

—Yo... —Sí. Lo hizo. Ahora lo recuerdo—.  Creo que lo escuché alguna vez mencionarlo, pero no creí que fuera a confundirlo. Estaba en el mismo lugar en dónde me enseño el original, lo recuerdo perfectamente.

Trato de ocultar mi indignación. Mi padre claramente nunca confío en mí, y ahora ya no tengo nada más como excusa para no creerlo. Él nunca lo hizo, y el ahora admitirlo duele tanto como si dejaran un hueco en el corazón.

—Lo siento, Nish, lo único que puedes sacarle a eso son cincuenta peniques. Nadie admira las réplicas así que no se consiguen a buen precio en el mercado. De todas maneras, será muy difícil encontrar a alguien que se interese por ella. Espero que no hayan depositado mucha esperanza en el objeto.

Nishta y yo nos miramos, decepcionadas. Agradecimos a Nuria por su atención y salimos de la cabaña. Suspiro, pensando qué podríamos hacer ahora. No quiero volver a casa, dónde la esperanza de la que habló Nuria se desvanece poco a poco mientras no nos damos cuenta. No tengo que trabajar hoy, o cualquier otro día. Ayer recibí la noticia de que había sido despedida, porque Sir Monclay, el hombre al que le servía. Estuvo con mi padre en la última festividad y hablaron sobre mí y la desgracia que le podría causar a su casa; por supuesto, todos hablan de mí de esa manera ahora.

Giro para ver mi alrededor, las calles vacías. En este lado del pueblo nunca hay mucha gente, o no hay ninguna en la mañana. Es lo bueno de Lago Bakk, el silencio que inunda todo el lugar cuando apenas las personas empiezan su labor diaria.

—Irás con la tía Ily, ¿cierto? —pregunto, más rápido de lo que esperaba.

—Sí, me quedaré con ella. ¿No vienes?

—No. —Muerdo mi labio— Daré una vuelta por la plaza y regresaré a casa. No tardaré.

Nishta sonríe gentilmente. —Está bien, se le diré a mamá.

Asiento hacia ella, y ésta devuelve el movimiento antes de alejarse en el camino al oeste. Espero a que esté a varios metros de distancia para irme en dirección contraria. La plaza central de Lago Bakk está a tres calle de aquí, y aunque tenga que caminar mucho, me da el tiempo suficiente para pensar. Los senderos de este lado del pueblo están la mayoría deformados, por lo que decido caminar fuera de ellos justo a la orilla. Las cabañas se esparcen infinitamente por todas las manzanas, y da la sensación de que no acabará nunca, pero lo hará. Lago Bakk es un pueblo muy pequeño, lo suficiente para que todos los habitantes se conozcan entre sí, y personas de las tres clases puedan convivir, de alguna manera, mezclados.

Cruzo la primera esquina y empiezo a distinguir siluetas a lo lejos. Clase media. Una vez pensé que sería terrible ser parte de esa clase. Ahora sé que habría sido un privilegio enorme comparado con cómo soy ahora, en lo que me he convertido. A veces extraño mi hogar. Mi padre hablando sobre sus muy grandes y buenos amigos durante el almuerzo. Nore, mi antigua sirvienta, diciéndome cada tarde lo mucho que crecí lo últimos años y que está orgullosa. Leo encontrándose conmigo en el porche de la casa a la hora de cenar, cuándo no me permitía preguntar si había obtenido llenar su estómago ese día. Yo, gustosa, lo hacía pasar mientras terminaba de ayudar a Nore con la comida para que comenzáramos la velada.

Mientras termino de llegar a la plaza, siento miradas mostrando indignidad o desaprobación dirigidas hacia mí. A algunos los miro de vuelta, mostrando indiferencia, para luego bajar la cabeza cuando ya se siente como choques desprevenidos, bomba tras bomba, y ya es muy tarde para correr.
Sacudo la cabeza. Más cabezas voltean hacia mí pero ya no importa. He venido a despejar mi mente y no puedo dejar que ciertas caras me hagan sentir peor de lo que ya me siento.

Me dirijo directamente a la fuente de la plaza, donde no hay nadie en absoluto, y me siento en frente del agua. Sólo son tres llaves de las que brotan agua, nada muy interesante para un día normal, pero aún así me encuentro contemplándola.

Una chica se puede ver en el azul cristalino. Pero es una chica que no reconozco. Su tez ha pasado de blanca a un amarillo oliva. Su cabello ha perdido el dorado que todos admiraban, por un marrón rancio que ahora es repudiada incluso por su misma dueña. Sus ropas ya no son elegantes, variadas para todos los días, ni extravagantes, de diferentes colores para todas las noches, sino desgatadas, usadas antes por otra alma, otra esencia, otra vida muy diferente a la mía. Y sus ojos, que antes mostraban la mayor sinceridad de amor por todos, han perdido el cariño y el afecto al ser rechazada y herida.

Un corazón inocente siempre será sensible. Yo ya no conozco la sensibilidad. Todo el mundo ha parecido olvidarlo fácilmente. Me he vuelto una de ellos, y no me arrepiento.

Empiezo a oír murmullos de la gente, como si se estuvieran acercando a la fuente indagando el por qué de mi presencia en su tranquila mañana. Lentamente levanto la cabeza a mi izquierda, sólo para ver personas alejadas de mí, pero centrando su atención en algo detrás. Repito mi movimiento, pero a la dirección contraria, para encontrar la figura de un hombre parado justo al lado de mí. No me atrevo a mirar hacia arriba para averiguar quién es. Vuelvo a concentrarme en la fuente. El agua parece ser la única cosa que no tiene miedo de ser transparente.

Él se sienta a mi lado, pero en vez de admirar conmigo el agua, fija su vista en lo que hay a mi espalda. Tal vez muchas personas están por allí, simulando su curiosidad por nosotros.

—Si querías llamar la atención de todos, felicidades, lo has logrado —digo. Mi corazón palpitando más rápido que antes.

—Lo sé. Gracias al cielo no soy el chico más llamativo del pueblo —dice la voz de un chico diferente al que supuse que era. Ladeo un poco la cabeza, para ver su calzado, sus botas son negras, no marrones. Yanu ahora aleja su vista de las personas para centrarse en mí. Yo lo observo de vuelta, ocultando mi sorpresa.

—Creí que eras Leo —logro decir después de un minuto. Él hace una mueca que no alcanzo leer. Yanu es el mejor amigo de Leo, pero nunca hemos conversado mucho en las ocasiones que se presentaban. Nunca hubo nada que hablar. Tal vez ya sea tiempo de hacerlo.

—¿Estás bien? —pregunta frunciendo el entrecejo.

—¿Qué significa bien para ti?

—Estar sentado solo frente a una fuente con cincuenta personas murmurando alrededor no es un sinónimo, pero puede parecerse a cómo te sientes al respecto.

—Estoy bien —respondo secamente. Él no parece convencido pero lo ignoro. Sus ojos recorren mi rostro y luego voltean al agua. Aunque no me gusta la idea de que sienta lástima por mí, me agrada que se acerque, para acompañarme al menos, sin tener muchas palabras que decir.
Seguimos así un tiempo, no sé cuánto, antes de que las personas vuelvan sus atenciones a sus labores. Una vez pienso en volver a casa, se escuchan caballos galopando a toda velocidad no muy lejos. Todos estamos atentos, mirando en dirección dónde proviene el sonido. Dos latidos después, un carruaje aparece al doblar la esquina en la que una vez caminé, tirado por dos caballos. Su armazón es de metal pintado con finas líneas celestes, y su jinete, erguido, viejo y severo, lleva vestuario de sirviente azul. Es un carruaje real.

Pero, ¿qué hace aquí?

Lago Bakk no es un pueblo muy grande para recibir visitas de la realeza, ni siquiera los de clase alta se quedan por mucho tiempo. No a todos les gusta un lugar como este. La capital de Folopha se encuentra a siete millas de aquí, por lo que nunca pasan ni siquiera por nuestra provincia los aristócratas o nobles de la corte.

El carruaje se detiene en el sendero próximo a la fuente y un hombre vestido de dorado y un azul más claro que el del jinete sale de él. Se para en medio de la calle, inspecciona el lugar y las personas, incluyéndome a mí. Por un momento me dan ganas de reír. Un orgullo marcado en su semblante es tan indiscutible que me hace gracia. La gente empieza de nuevo con los murmullos, pero luego cesan al ver que el hombre se disgusta por sus acciones. Pasa un latido y reparo en el pergamino que sostiene en sus manos.

Otra figura sale del carruaje, un chico, vistiendo la misma ropa que el del jinete. Otro sirviente .Éste se para al lado de su amo dándome la espalda mientras sus dedos juguetean con un objeto. El hombre da la vuelta hacia un pilar del porche de una las cabañas y posiciona en ella el pergamino. Ahora entiendo. El sirviente joven le extiende un clavo, y luego, lo que supongo que es un martillo. El hombre empieza a golpear el clavo sobre el pilar, y repiten la acción un par de veces más.
Vuelven a su carruaje y el hombre da la orden para seguir avanzando.

¿Eso es todo? Ningún asentimiento, ninguna palabra. ¿Nada?

Si hubiera sabido que estaba frente a una chica de clase alta se hubiera arrepentido y hubiera enviado saludos a mi casa. Pero, no. Nosotros no significamos nada para ellos.

No. Espera... Ya no soy una chica de clase alta.

A veces lo olvido en frente de la gente.

Quisiera ver la noticia escrita en el pergamino, pero al levantarme todos los demás comienzan a amontonarse alrededor de ella. Me abro paso como puedo, alzando los codos ligeramente. Yanu viene justo detrás de mí. Algunos comienzan a gritar o alejarse a zancadas, otros comienzan a llorar o quejarse, y yo no puedo hacer más que fruncir el ceño, hasta que llegamos al pilar. Letras negras e increíblemente legibles dicen:

Reino de Folopha,
dadas las circunstancias que se han presentado por las recientes amenazas que han sido dirigidas a nosotros desde el reino de Ruklo, el rey Federico ha decidido hacer frente al temerario enemigo y defender su pueblo. En consecuencia, se requerirá un ejército, fuerte y numeroso, por lo que se les notifica a los habitantes de Folopha que todos los hombres entre XVII y XL años serán reclutados para la tarea de pelear por sus familias.
Todos los hombres están obligados a ser parte de este ejército que se levantará, a excepción de aquellos de clase alta que entreguen a sus sirvientes, sean hombres o sean mujeres, en su lugar y sus hijos, si aún viven bajo su techo.
El reclutamiento se efectuará en toda Folopha, no habrá ni un lugar sin ser registrada por los guardas, mañana por la mañana. El rey ha sido generoso en concederles una noche más con sus seres queridos. Recuerden cuán afortunados somos de tener un rey que se preocupa por su país.
Deseando paz entre ustedes, se despiden los escribas.
Larga vida al rey.


Veo de reojo que Yanu se tensa, pero no digo nada. Siento el pulso en mis sienes y no sé cómo pararlo. Leo cabe en el puesto. Tiene veintiuno y no tiene sirvientes, no es si quiera de clase alta. Es un hombre de clase baja que no trabaja y será enviado a las líneas para pelear.
No. Él no puede ir.

Me giro a enfrentar su amigo, quién parece estar leyendo una y otra y otra vez el pergamino, prefiriendo estar en una pesadilla que en la realidad. Pero no hay escapatoria.

—Tienes que hablar con él —le digo. Él finalmente aparta sus ojos del decreto y me mira desconcertado.

—¿Qué ha de saber además de esto?

—Dile que necesitamos hablar. No puede... evitarme para siempre, debes decirle eso. —Él asiente dos segundos después de dudar—. Dile que piense en mí como solía ser.

Él da otro asentimiento antes de irse, supongo que irá a la taberna a buscarlo. Aún siento mi corazón acelerado y decido que es mejor que vuelva a casa. Cuando salgo de la primera calle, me doy cuenta que ya nadie está por ahí, todos han regresado al interior de sus cabañas. Todos tienen miedo.

Igual que yo.

Ruklo es un país grande, más grande que Folopha, y es fuerte. Años y años de ruina y malicia han hecho que casi todos los países le teman. Su rey quiere dominar los países de su alrededor, por supuesto que lo quiere, por lo que ha hecho tratos de paz con dos que están al sur de nosotros, Martico y Revna, aparentando una "amistad" entre ellos mientras pelea por Folopha y Aprephis.

No puedo imaginar qué estaría diciendo papá sobre esto. Claramente él no debe ir, pues es mayor de cuarenta, pero tal vez estuviera quejándose por otros nobles o unos primos que viven en la capital. No estaría lamentándose de verdad, eso lo sé. Estoy segura de que ninguna parte de su conciencia se encuentra encendida, por lo que no le importará las vidas que se perderán a partir de mañana.

Y entre esas la de Leo.

1 comentario:

  1. Hola, no conocía el libro, tu reseña me h despertado curiosidad, le daré una oportunidad. Por otro lado veo que haces parte dela iniciativa (seamos seguidores), yo también y ya te sigo, me gustaría que te pasaras por mi blog, te dejo el enlace https://libros-cafe-recuerdos.blogspot.com.co/. Un abrazo y nos leemos :)

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